4 de octubre de 2013

HOMBRES APLASTADOS

Los hombres aplastados son aquellos seres que perdieron su apuesta con la vida. Esos hombres que se ven en los parques, sentados sin mirar a ninguna parte, existen sin saber què existen, son los hombres aplastados por la vida, aplastados por el sistema econòmico;  vencidos por el raudo aparato productivo del   èxito y la prosperidad; aplastados por la infernal aplanadora de la tecnologìa y su adictiva compulsiòn de estar a la  moda por presiòn de la masa,  la publicidad anestesiante y lavadora de cerebros dèbiles;  hombres y mujeres que no lograron integrarse al circuito de los ganadores ni pudieron  ser registrados  en la cadena productiva de los èxitosos, intentando sobresalir en la maraña de comptencia, producciòn y consumismo que marca el sendero de millones de seres  en el mundo.

Hombres aplastados se encuentran por las calles caminando sin rumbo definido. Dan vueltas en cìrculo sobre los mismos sitios que ya anduvieron, dejando  en ellos impresiones profundas, quizàs el olvido en que pronto se convertiràn. Estos seres tienen una aura apagada. Son seres sombrìos.  Cuando se les mira a los ojos, se les nota las miradas apagadas. Sus ojos no tienen brillo.  Proyectan una tristeza infinita en sus rostros,  gestos y actitudes. Por regla general la edad de estas personas es imprecisa. Usan ropas de colores apagados, de tono grisàceo. Son seres intemporales. No parecen pertenecer a ninguna època. La moda nunca los tocò porque son inmunes a su tiempo. Son los hombres y mujeres invisibles que tiene cada ciudad del mundo.

Un hombre aplastado lo es porque no quiere luchar para lograr nada màs que lo bàsico para subsistir. Porque tampoco su capacidad, su intelecto y talento le da para surgir.  Un hombre o mujer aplastado tambièn lo es porque su esencia  misma, el brillo de su ser es tan tenue y apagado que jamàs podrà brillar en el firmamento del èxito y oportunidades de la tierra. Muchos de los hombres y mujeres aplastados tampoco surgiràn en nada importante asì lo intenten. Ellos estàn marcados para ser hombres aplastados. No les interesa la polìtica, ni la cultura, ni el deporte. No les interesa en particular nada. Sòlo quieren existir, vivir. Adaptados como tìteres mansos al engranaje monstruoso del Establecimiento con sus tentàculos infernales de la publicidad en una sociedad compulsiva por consumir, producir y  "ser felices"  en la molicie de los objetos y comodidades modernas.  Tampoco el hombre aplastado tuvo la capacidad de integrarse al mundo de los negocios, el arte u otra actividad sobresaliente. Al considerarse un hombre no apto para actividad alguna, èste tipo de individuos se vuelve alcohòlico,  drogadicto o  cae en ambos estados. Nacen, viven, producen, consumen y mueren en un un tipo de marginamiento social que a los poderosos del Sistema Econòmico  y el  Establecimiento les conviene mantener.

 Los hombres aplastados son un grupo social marginal. Cuando hay guerras devastadoras,  de gran intensidad  bèlica,  mueren por millones. Quedan en el registro inmoral de la historia como duras y sangrientas  tragedias humanas y punto.   Pero en el fondo ni a los historiadores, ni a los polìticos, ni al Establecimiento, ni a nadie en particular le importa que hayan muerto miles o millones, da lo mismo; son simples hombres aplastados.  Son sòlo nùmeros en las estadìsticas. Siempre seguiràn reproducièndose por millones en todas las èpocas y generaciones. Siempre seràn reemplazados por otros millones de hombres aplastados. Sòlo sirven e interesan  para que la producciòn, la plusvalìa maligna del capitalismo no se detenga y los  trust no dejen de enriquecerse cada vez  màs.  Y  ejecuten los oficios màs bajos y oscuros de la sociedad industrializada.  Son los peleles de la socorrida y mil veces  alabada democracìa, estùpidamente idolatrada  por los medios de comunicaciòn del mundo.

El hombre aplastado se convierte en el hombre marioneta que utilizan para  la guerra como carnada y para la polìtica como idiota ùtil y descerebrado.  Es usado  por los polìticos inescrupulosos que idiotizan aùn màs y manipulan a estos individuos a su antojo. Son el mayor caudal de votaciòn para que subsista la farsa de la democracia porque no obstante la escasa capacidad intelectual de estos seres para decidir con criterio propio e independiente, su voto en las votaciones  sì es vàlido  y legal politicamente. En el fondo, los partidos polìticos deciden el destino de las naciones con la ayuda de estos idiotas ùtiles, hombres aplastados. Los hombres aplastados tienen derecho a elegir y eso lo saben muy bien los mañosos y corruptos polìticos de turno. Los hombres aplastados no brillan en nada ni aportan nada a ninguna actividad. Son individuos que cumplen actividades simples, humildes oficios, trabajos sencillos para los que no se necesita conocimiento alguno,  excepto sentido comùn. Quizàs saber escribir y leer pero no un conocimiento especializado. Ellos jamàs tuvieron la oportunidad ni se preocuparon por  saber lo que querìan en sus vidas.

El medio en que nacieron y se desarrollaron, tampoco les dio  oportunidad de alcanzar una vida brillante y destacada.  Nacieron aplastados y aplastados moriràn en  un perverso juego del destino, escabroso azar de vidas condenadas al fracaso.  Son seres invisibles para la sociedad porque son apenas un nùmero, una frìa y seca estadìstica en  el censo electoral  y de poblaciòn. Algunos logran jubilarse como obreros, dependientes de oficios varios o funcionarios pùblicos de  ìnfima categorìa. Son como sombras que se arrastran por las calles y andenes de las ciudades sin mayor propòsito que existir porque nacieron  para ocupar un espacio. Sòlo ocupan un espacio fìsico porque la dimensiòn espìritual de sus almas, ya està muerta.

Los hombres aplastados estàn en todas partes. Son individuos que estàn en el mundo por aquellas circunstancias del destino y el proceso evolutivo de la especie que no selecciona las especies en un proceso de perfecciòn sino  con una forma aleatoria de la biologìa sin establecer quien serà triunfador,  hombre pensante;  individuo brillante, ciudadano analìtico e inteligente no manipulable por el Establecimiento,  polìticos y  multinacionales con sus perversos sistemas de propaganda, alienaciòn, embrutecimiento y adoctrinamiento colectivo, en comuniòn con la Escuela, la  Religiòn y las Fuerzas Armadas del Establecimiento. El hombre aplastado es el perdedor oscuro de la sociedad moderna, su papel aunque insignificante, sostiene en muchos aspectos, el maquiavèlico orden de las instituciones pùblicas y privadas del mundo.


SOCIEDAD SUPERFLUA Y VANIDOSA

La modernidad ha llegado acompañada de nuevos vicios, costumbres equivocadas, instauraciòn de modas y  nuevos conceptos culturales tan osados como ilògicos. Ha sido tan vertiginoso el avance de los ùltimos treinta años que  la cultura de occidente, la moral y ètica,  han sufrido cambios absolutos, dràsticas transformaciones y no pocas deformaciones de lo aceptado como modelo de vida y comportamiento en otra època.
Asistimos al espectàculo de una sociedad transtornada en las costumbres, condicionada por cambios tan ràpidos como coyunturales. Ya nada es permanente. Lo que era moda ayer hoy ya es obsoleto. Los sofisticados instrumentos de comunicaciòn,  modernos equipos de entretenimiento, toda la gama de electrodomèsticos se vuelven anticuados en dos,  tres años, quizàs menos.  La tecnologìa no tiene reposo pero tan poco la magaempreas industriales que los fabrican por millones, en minutos para alimentar un capitalismo salvaje que  devora en dècada las entrañas y recursos de la tierra. Los recursos de la tierra, flora, fauna y minerales que tardaron millones de años en formarse, el capitalismo los està devorando y destruyendo en  pocos años.

El  demencial afàn de aumentar las utilidades,  ampliar mercados, desplazar a la competencia, ha convertido a las multinacionales en monstruosas fàbricas de  de objetos,  en apariencia para beneficio  y utilidad del hom bre moderno. Pero son sòlo artefactos novedosos que idiotizan y estandarizan màs al hombre.   Esos equipos e instrumentos son  tan fugaces  y desechables que las personas no terminan de adaptarse a un nuevo adelanto tecnico, cuando ya se ha inventado uno màs moderno y avanzado que el anterior. Dejando al comprador desorientado, frustrado.  Con ansias de comprar el de ùltima generaciòn  recièn salido al mercado.

El vèrtigo moderno,  ha hecho  de la   existencia  algo  dramàtico,  incierto.   El  hombre vive en una locura de tiempo y espacio. La ciencia y la tecnologìa avanza en  forma  inusitada,  caòtica. Las vibraciones del planeta son màs ràpidas. la rotaciòn de la tierra no es la misma cuando èramos niños. En las dos o tres ùltimas dècadas el planeta avanza con mayor celeridad en su rotaciòn planetaria, lo que ha pootencializado y aumentado el ritmo vibracioinal en la naturaleza pero especialmente en la conducta del hombre. El planeta gira en frecuencias màs avanzadas y complejas lo que està produciendo cambios dràsticos y asombrosos en todos los aspectos de la vida diaria.   Las  mutaciones genèticas, cambios hormonales, bruscos cambios en la naturaleza, el clima.  El comportamiento mismo del hombre ha entrado en uno de los perìodos màs oscuros y tenebrosos de toda la historia humana.  ¿Degeneraciòn de la especie humana, degradaciòn antinatura,  cambios que anticipan una nueva era, què està pasando con el hombre, la tierra y todo lo que implique la mano del hombre?

Algo sì puede afirmarse: el dìa ya no dura veinticuatro horas. Ahora los dìas son màs breves.  Son cuatro, cinco o siete horas màs cortos.  Diversos  cientìficos  lo afirman aunque otros lo desmientan. Algo està pasando y ese algo es que el mundo està girando a una velocidad endemoniada y ese cambio de la astrofìsica, ha  provocado  un impulso de locura en  muchos   actos del hombre. Quizàs por allì estèn los indicios que conducen a entender, hallar  razones para explicarse la locura colectiva del hombre actual. Ese estado de frenesì que lo ha llevado a ser un ser cada dìa màs superfluo, vanidoso. Inmerso en una nebulosa de desesperaciòn por despilfarrar la existencia en minutos, dìas o meses que lo hacen vivir con plenitud todas las experiencias y sensaciones posibles,  pero que muy pronto  lo llevan a una muerte prematura, casi siempre tràgica.   Sin que medie un avance normal de etapas y ciclos que son el  proceso  lògico de un ser  complejo como el hombre, con un instinto animal de reacciòn a impulsos; reflejos condicionados,  miedos y amenazas reales o imaginarias.

Estamos enfrentados a un mundo que ya dejò de ser un planeta distante en modas, culturas, hàbitos, noticias, acontecimientos y hechos tràgicos  que nos distanciaban. Ya no.  Los ultramodernos sistemas de comunicaciòn,  y ràpidos medios de transporte, han acercado las antes, aparentes enormes distancias de otra època.   Se hacen tan cercanos los sucesos que transcurren  entre uno y otro  punto del planeta , no obstante existan  miles de kiòmetros que los separen.   Tiene sentido afirmar que  la tierra se ha empequeñecido para las comunidades. Los conceptos de Herbert Marshall McLuhan y su teorìa estrella  de una "aldea global" (global village), ya no son una tesis, sino una realidad.  Estos aspectos  son  el  resultado inequìvoco de  la modernidad.  El avance general, acelerado de la tecnologìa  sobre cualquier aspecto  que  involucre la  presencia omnìmoda del hombre en  la tierra.

Las maravillas tecnològicas estàn acompañadas de la degradaciòn en las  costumbres,  sustituciòn  de  valores, la inmediatez de todos los actos ejecutados por el hombre.  Ha convertido a la sociedad occidental y en poco tiempo al resto de  comunidades que  se resisten al cambio, en sociedades cada  màs superficiales. Que como aspecto paradòjico  avanzan cada dìa màs en lo cientìfico y tecnològico pero se atrasan  y estancan en lo cultural y espìritual.   El  hombre moderno ha alcanzado el nivel màs elevado de tecnologìa en su historia màs reciente pero ha caìdo en las màs deplorable superficialidad, convirtiendo a las modernas sociedades en muchedumbres superfluas y vanidosas.

Viven  bajo un sutil pero poderoso mecanismo de adoctrinamiento impulsado por los medios de comunicaciòn, soterrados  intereses  del establecimiento, ocultos  poderes de las èlites financieras e industriales que manejan el planeta, que manipulan el comportamiento y desarrrollo de la sociedad actual. Este aspecto transforma cada vez màs a la sociedad en una muchedumbre superflua, cuyo màximo proyecto de vida es poseer objetos  que la tecnologìa fabrica en serie,  por  miles de millones.  Que en pocos meses ya seràn obsoletos. Material reciclable para continuar en la endemoniada megraproducciòn de objetos y artefactos màs modernos. Supuesta "ùltima generaciòn de tecnologìa de punta"  pero que en poco tiempo volverà a ser obsoleta, para continuar el ciclo de locura productiva y consumista  sin fìn.   Delirio dantesco de producciòn cuasi perpetua.

Objetos y artìculos que la poblaciòn cree  necesitar de  manera imprescindible para vivir. La  presiòn  social se hace tan intensa que este mecanismo de adoctrinamiento masificado, empuja al gran colectivo a comportarse como seres estandarizados, sin decisiòn propia.  Sòlo quieren comprar obljetos de ultima tecnolgìa. Artefactos  quizà sin sentido, absurdos pero que las poderosas y subliminales  campañas publicitarias,  manipulan  en las dèbiles mentes  de la poblaciòn  para adquirirlos como  fundamentales para  su vida

Cuàntas mentiras engendradas  han producido  una generaciòn de personas dependientes absolutas de los ùlltimos lanzamientos de la tecnolgia,  sin importar el sacrificio, los costes.  Las deudas e innumerables  horas//dìas de trabajo que deberàn cumplir para costear  las costosas  e innesarias adquisiciones.  Convertidas en  esclavitudes modernas,  vidas sin sentido para trabajar como esclavos para satisfacer las  compulsivas adicciones  hacia  las modernas tecnologìas.
Observamos   a millones de jòvenes intoxicados de modas superfluas, barnizados de  vanidad carente de fondo existencial.   Sociedad moderna sometida al màs  feroz e inmoral maniqueismo comercial, cayendo  sin reflexiòn  ni  anàlisis en  una  demencial y asfixiante necesidad creada por embrujadoras campañas publicitarias.   Para que la juventud  compre, y  consuma  hasta el despilfarro,  hartazgo   de cosas, objetos   que nunca  necesitarà  para vivir  y comunicarse con los demàs. Ahora la juventud està màs aislada,  màs solitaria y desdichada que en todas las èpocas no obstante disponer de ultramodernos equipos  de comunicaciòn, con los que poco se comunica porque  carece de espiritualidad y sentido de vida para expresar sus emociones.  Su vacìo existencial  es cruel  y patètico.  En contraposiciòn, se aisla màs, viviendo una soledad màs intensa. 

La tecnologìa ha purificado al hombre hasta convertirlo en un objeto desechable que se cambia, tira, explota; desecha, utiliza.  Se recicla y  moderniza sin cesar  como  millones de artefactos, equipos y demàs instrumentos que se fabrican sin descanso  para alimentar el  capitalismo voraz, brutal e insaciable. Terrible encrucijada vive el hombre que no puede detener tan espantosa magaproducciòn porque se detendrìa el mundo y los efectos serìan devastadores en la economìa global.  La vida cotidiana de miles de millones de hombres  sufrirìa  un irremediable  colapso. Quizàs serìa la gran revoluciòn que el planeta necesita  La primera  gran revoluciòn de la postmodernidad del siglo XXI.
 Pero  la tecnologìa logrò otro milagro de retroceso que ninguna revoluciòn obtuvo:  Estandarizò al hombre. Lo transformò en un ser seriado, sin voluntad. Manso y obediente de todas los inventos ùtiles e inùtiles   vomitados  por  la industria. Sin conciencia ni capacidad de  decisiòn  para cambiar la historia. El hombre moderno quedò deslumbrado e idiotizado por tanta tecnologìa.  Pero claro, la sociedad es ahora la  màs superflua y vanidosa de cuantas ha tenido la especie desde su advenimiento en el planeta tierra y esto mantiene muy tranquilos y satisfechos a los grandes magnates, banqueros y lìderes secretos  que manejan al mundo, con hilos de titiriteros infames.




2 de octubre de 2013

VIDAS BELLAS Y FELICES

La vida, la vida que realmente deberìa vivir el hombre no es esa   imagen recreada, maquillada,  de una joven pareja,  representada en  pòsters, vallas publicitarias, folletos y lujosas revistas de vivos colores, alta definiciòn policromàtica con fotografìa de gran calidad, donde aparece ademàs de la joven pareja, dos niños, casi siempre rubios; de sonrisas inmaculadas,  representando una comedia de   felicidad de ensueño.  Tambièn los supuestos padres aparecen con sus sonrisas de lujo:  dientes blancos, de belleza perfecta;   rostros de seres plenos,  vidas realizadas. Caras frescas, donde se lee una breve pàgina de vidas satisfechas  con la vida y el medio que les diò  poder y  riqueza. Las imàgenes de esas  publicaciones son casi siempre de   familias blancas,   rasgos  caucàsicos. Por regla general todos   tienen  ojos azules y cabello rubio.  Màs parecen àngeles maniquìes vestidos con ropa de marca que seres humanos reales.

Esa  tìpica imagen de  familia feliz, sirve como plataforma para exhibir un amplio y lujoso apartamento estilo penthouse, localizado en un moderno edificio de avanzado diseño. Tambièn exhiben amplias y lujosas casas de estilo campestre en conjuntos cerrados y condominios exclusivos.   Las construcciones  estàn  rodeadas de amplios espacios verdes, florecidos jardines,  fuentes de agua  como ornato.   Amplia piscina rodeada de tumbonas para tomar el sol  y  coloridos parasoles    para solaz   de los residentes. Son edificios y casas  de ensueño donde no falta ni sobra nada porque fueron diseñados por arquitectos y diseñadores de interiores, que asocian la felicidad moderna con el  èxito econòmico, unido al  lujo, el confort y la belleza artificial en sectores campestres.

Vida plena  y feliz  asociada a una naturaleza exuberante pero que es màs un adorno porque en esta naturaleza no acecha el peligro. Entre  aquellos  jardines florecidos,  inmensos àrboles de prodigiosa umbrìa, no hay bichos repugnantes. No hay fieras  depredadoras. No hay serpientes ni aràcnidos venenosos. En esos bosques sòlo hay pàjaros,  agradable vegetaciòn  que  protege del lejano y agobiante sector urbano, donde reina la  contaminaciòn, ruido y masificaciòn en todos los  aspectos.   En  aquellos bosques prefabricados, o al menos las construcciones edificadas entre esos bosques de ensueño, la intenciòn es crear una imagen de  modernidad entre una fresca naturaleza rodeada de flores y pàjaros.  Lo  màs parecido  a un paraìso, diseñado por  creativos  arquitectos que saben  que el  mercadeo de la  naturaleza y confort,  en  apartamentos lujosos  y  modernas casas, es un magnìfico negocio que se vende muy bien.  Los  urbanistas, decoradores y arquitectos han  inventado una receta de la felicidad  con lugares boscosos, protegidos  y vigilados por empresas de seguridad que aislan  esos sectores residenciales del resto del  mundo.

 Lejos del peligro y las acechanzas del mal. Lejos de la plebe, muy alejados de la fealdad y la pobreza.    Distantes de la suciedad,  la gente vulgar, fea y pobre. En ese edèn sòlo pueden vivir parejas con hijos hermosos  y sanos,   con  finas facciones caucàsicas.    Mundos ideales, de parejas bellas, familias felices.  Jardines de ensueño. Autòmoviles de moda,  de alta gama, marcas exclusivas.  Piscinas  climatizadas, rodeadas de esplendidos jardines.  Jardines infantiles con juegos y equipos exlusivos para niños.  Àreas deportivas con canchas de tenis, squash, modernos gimnasios.
Ese mundo perfecto  serà habitado por  gente bien,  personas lindas y exitosas de la sociedad. Allì jamàs viviràn  personas de ingresos bajos, los  perdedores   del sistema. Acaso conoceràn esos sitios pero como jardineros, guardaespaldas, siervientas, choferes,  vigilantes u oficios varios.   Estaràn en las inmediaciones de aquel mundo pero como  lacayos.  Convidados de piedra  a un mundo donde  seràn  invisibles.  No podràn pertenecer a ese  lugar de ensueño en forma real.  Sòlo seràn  la servidumbre de los  triunfadores de la sociedad.

 
 Los pòsters y revistas  estandarizados en  diversos  paìses del mundo que idealizan y venden  aquel modelo de vida feliz  por parte de empresas inmobiliarias y constructoras,   està  dirigido al privilegiado sector de los triunfadores del Establecimiento.
 Campañas publicitarias  de  èxito  creadas para  las clases emergentes:     Nuevos ricos,   recièn graduados y   triunfantes profesionales.  Polìticos  enriquecidos en el estercolero de la corrupciòn estatal.  Acaudalados  inversionistas, comerciantes y hombres de negocios de todas los sectores.   Nuevos ricos  con  fortunas  de dudosa procedencia,    cuyo origen  nadie  cuestionarà    porque lo  ùnico importante allì  serà el dinero   para costear  aquel   estàndar de vida.
Por ello, esa imagen  en fotos de fina policromìa,  de  suntuosos edificios y elegantes  casas, con  parejas y familias como las descritas, ademàs de las especificaciones tècnicas  como  cantidad de metros cuadrados del inmueble, dotaciòn  de los mismos y àreas disponibles. Asì mismo     sistemas de pago  y formas de financiaciòn,  detalles adicionales como pequeños mapas de localizaciòn  para ubicar  la   propiedad.   Pero lo  interesante para  analizar de esa publicidad, son   los nombres de los conjuntos residenciales, condominios, parcelaciones campestres y edificios en venta asì como las frases publicitarias que los enaltecen a  los ojos de los futuros compradores. Los publicitan como  sucedàneos de  felicidad,   clonaciòn de paraìsos de confort y modernismo.    Fabricados por el hombre, en medio de la naturaleza, al   alcance de los  èxitosos, futuros residentes de aquellos  paraìsos de concreto y  hormigòn.

 Los nombres y   consignas para mercadear las propiedades  son   tan absurdos como ridiculos.   Ajenos a la realidad del medio donde son construidos, por ejemplo en el caso de Colombia, en ciudades como Medellìn, Bogotà y Cali. Pero el fenòmeno se repite en todo el paìs. Y asì es en todo el mundo donde la "estupidizaciòn globalizada" cada vez gana màs terreno   Nombres rebuscados, tan rimbombantes como inverosìmiles.   Desligados de la toponimia local.  Nombres sin  relaciòn alguna  con la cultura,  la geografia,  la historia ni con nada de la ciudad  o regiòn donde son construidos.  La invenciòn  de los rebuscados,  anacrònicos e intemporales nombres obedece màs  a la "brllante  creatividad  publicitaria postiza"  que intenta impactar en los alelados  arribistas, futuros compradores de los inmuebles, con nombres raros pero sonoros. Supuestamente bellos y elegantes pero no son lo uno ni lo otro.    Ridìculos y estùpidos, son reflejo del   terrible karma de la cultura  kitsch,  moda arraigada en una sociedad emergente e inculta.
Obsèrvese con atenciòn una  muestra de los citados nombres:
"Celeste Resplandor Apartamentos", "Monteparaìso del Bosque", "Boavistaperfecta", "Guayacanes del  Edèn",  "Olivos de Felicidad", "Living  Èxtasis", "Polaris Còsmico", "Ibèrica Feliz",  "Cima de Sueños",
"Lemmon Fresh",   "Sol de Paz",  "Campus Infinitus", "Vigo", "Terra Maravilla", "Magenta", "Arboleda Màgica", "Cyprus Inn", "Aviva", "Belaire", "Fìore", "Savia Country", "White", "Marine Lake", "MillauBellagio" "Ìndigo Arrecife" y cientos , miles de absurdos como raros nombres sin lògica ni sentido comùn.

 Innumerables  nombres   con  garrafosos  eslogan  utilizan  para maquillar aquel mundo  perfecto. Verdes e impolutos sectores donde el icono creado como atractivo  ideal de vida, establecido en el imaginario de miles de personas, es hacerles  creer que  la felicidad està a unos millones de pesos de su alcance. Semejante sistema publicitario, ha calado con  tanta fuerza en ascendentes sectores de las clases medias y medias bajas, que  sueñan, luchan y tienen como derrotero de vida   lograr tener  un apartamento o casa en aquellos  bellos bosques y florecidos jardines, donde todos parecen  ser  èxitosos, bellos y maravillosos. Entonces para ellos tambièn  es posible la felicidad.

Lo que miles de personas jamàs entenderàn es còmo  aquellos plàcidos sectores, ubicados casi siempre en la periferia de las ciudades, son mundos a los que ellos  nunca accederàn. Y de lograrlo,  pronto   comprobaràn con amargura  que son mundos donde ellos no pertenecen ni jamàs seràn aceptados.  Fueron creados para personas que  viven una irrealidad social,  su propia  mentira:   porque son seres aturdidos en burbujas de apariencias, bùsqueda desenfrenada de objetos y riquezas,  ascenso social y econòmico implacable; escalera  arribista a la  vanidad de fatuo  esplendor, edificada  sobre el egoismo, la soberbia,  crisis de valores, decadencia espìritual, irreversible  descomposiciòn social. Desoladora insensiblidad e indiferencia  hacia los miserables.      Irrealidad, ficciòn, oportunismo mercantil  e ilusiòn,  pero ante todo la codicia, inventaron esos  microuniversos ficticios de paz,  vidas perfectas de belleza  y felicidad.     Paraìsos artificiales  diseñados por   astutos  empresarios  y codiciosos inversionistas ,  quienes  han  creado   esos  mundos artificiales de  perfecciòn,  felicidad, paz y bienestar.  Para  gentes lindas, la gente  bien de la sociedad. Para parejas recièn casadas  y  con hijos pequeños. Bellas parejas, èxitosas,  optimistas. Las familias maravillosas que rigen los destinos de la sociedad y el establecimiento.    Obsesionadas   por  comprar y poseer   paraìsos de concreto, hormigòn,  màrmol; materiales sintèticos de lujo y  deslumbrantes colores.  Mentiras de felicidad y belleza,  vendidas con ingenio  mercantilista por  intrèpidos agentes inmobiliarios y poderosos grupos de empresas constructoras.

La  gran mayorìa de personas  que lee  esas publicaciones impresas,  a travès de la televisòn,  internet  y otros medios de difusiòn, nunca vivirà ni conocerà  esos lugares, màs que en las lujosas  revistas que obsequian para cautivar a incautos , arribistas, trepadores sociales  y nuevos ricos.  En el fondo, muchos de los habitantes  de las barriadas donde la vida es dura. Cruel enfrentamiento diario con  carencias,  frustraciòn,   exclusiòn social y econòmica , violencia sin tregua.  Los habitantes de aquellos sectores saben que  nunca saldràn de esos densos sectores y aunque  quieran  escapar de esos cinturones de miseria y pobreza  y   anhelen  huir de las crisis del mundo moderno.   Alejarse de la descomposiciòn social   que azota  los congestionados  barrios,  plagados de delincuencia, miseria,  ruido y contaminaciòn. Pero ellos  tienen  la certeza ancestral que jamàs lo lograràn.

Pero para  miles, millones de personas  que continùan concentradas  en  densos sectores pobres, marginales,  esos mundos bellos y perfectos seràn una utopìa,  remotas fantasìas en vivos colores que siempre veràn  como lo que   son:  una ficciòn vendida para los ricos, los  de alto  poder adquisitivo  y los  trepadores sociales de estrato medio alto  que pelean  a dentelladas, como  pirañas contra tiburones para convertirse algùn dìa en personas ricas y poderosas.  Para  los excluìdos serà  una realidad extraña pero bonita.  Tan lejana que  serà un sueño, un sueño y nada màs.   Bien diseñada  aunque parezca mentira, pero  una verdad lejana a ellos.  Un sueño de mentira.   Pero para  los que creyeron en  ella y lograron comprarla, serà una policromosa mentira como tantas  que compran,  mandan a  fabricar o buscan  la publicidad para que se las invente.   Lucrativo negocio que   enriquece cada vez màs  a otros ricos, que tambièn inventan, negocian, mercadean y promocionan mentiras y màs mentiras porque sus vidas son tambièn  una mentira que produce fortunas.    Con los sueños, vacìos existenciales, traumas,  complejos sociales  y pesadillas de los demàs.

Perversa pero lucrativa empresa de inventar y promocionar el ideal de felicidad en amplios apartamentos y espaciosos lugares donde  muy pocos podràn vivir. Aquellos empalagosos nombres de los edificios,  unidades habitacionales cerradas,  conjuntos residenciales, parcelaciones exclusivas, son como un antìdoto que los diferencia,  los hace màs selectos y diferentes a los que no pertenecen   a ese ideal sonrosado de alegrìa y  plàstica bellleza. Zonas  alejadas de todo,  de todos los que no pertenezcan a esa bella y exitosa clase social que està "màs allà  del mundanal ruido".  Establecen con consignas garrafosas como las antes citadas y otras que llaman a una reflexiòn, un  inquietante  condicionamiento social, arbitrario e insòlito que ha llevado  a la sociedad  a extremismos sociales de exclusiòn cada vez màs difìciles  de superar.

" Dè un paso adelante hacia la felicidad"... "La oportunidad para cambiar tu vida"... "Vive, siente y disfruta de un nuevo paraìso"... "Alcanza tus sueños en un màgico jardìn".... "Una nueva vida florece para tu familia"...
"Tu vida renace sòlo en el norte"... "Sièntete tranquilo que los milagros existen y la felicidad està a tu alcance"..."Los sueños hechos realidad sì existen porque nosotros te los construimos para que vivas en el paraiso"...."La  vida te regala momentos inolvidables y tambièn el paraiso puede ser tuyo.  Si quieres comprarlo,  puedes hacerlo  con facilidades de pago......"   


29 de septiembre de 2013

ALGUNA VEZ TODOS TUVIMOS UN SUEÑO

Alguna vez cuando éramos niños,   los adultos no habían  corrompido  nuestra inocencia y la sociedad no había destruido la magia innata de soñar que tenemos cuando  fuimos niños, sonábamos con llegar a las estrellas, al sol,  más allá de las galaxias, para recorrer en una nave maravillosa, gigantesca y poderosa todo el universo, visitar innumerables  planetas, conocer  los habitantes de  esos mundos.   Soñamos con hacernos amigos de  los niños del universo, intercambiar nuestros juguetes terráqueos con los de ellos.  Saborear  los dulces, golosinas y helados más extraños pero deliciosos de aquellos planetas.  Tan distantes pero tan cerca de nosotros por nuestra prodigiosa imaginaciòn de  lograr viajar en segundos, con el poder de nuestros sueños.  Alguna vez todos tuvimos un sueño, quizás en la niñez, en la adolescencia, en la edad adulta pero tuvimos un sueño.... muchos sueños se cumplieron, otros  en parte. O jamás ninguno pudo cumplirse....     

Si no tuvièramos la posibilidad de soñar  con la capacidad racional que disponemos, seriamos tan estúpidos como las vacas;   tristes como las mulas, elementales como los cerdos, anodinos como las gallinas, con la diferencia que los anteriores son irracionales.   Sólo obedecen a un instinto primario. Pero los  humanos además de racionalizar los actos y la realidad, tenemos el privilegio maravilloso, cuasi mágico de soñar, soñar y soñar.  Aquellos irracionales están satisfechos, mansos en su no conciencia de  vida y  existencia. Si aún disponiendo de una poderosa capacidad racional,  carga moral y ética,  con conciencia de nuestros actos, pero con todo ello, no  tuvièramos la facultad de  soñar,  nuestra  realidad sería  más triste y  desolada  de lo que es. ¿Si con la posibilidad de soñar e idear mundos maravillosos, mejores que los  dados por la realidad,  la  existencia es turbia y  ominosa, cómo sería si no tuvièramos la facultad de soñar dormidos y despiertos?  Soñamos despiertos y dormidos con lo que  algún día  obtendremos, con esfuerzo o por azar del destino. Los sueños son como un placebo que apacigua la rudeza   de la vida.  Sueños que se  transforman en realidades, algunas veces con mayor o menor esfuerzo,  lucha  tenaz;  feroz batalla contra todo y contra  todos. En ocasiones, los sueños son  pequeñas batallas que emprendemos en el transcurso de la existencia, en  el  gran teatro,  sueño-batalla de la vida.

Los sueños nos acompañan desde la más tierna infancia, son  còmplices de los juegos de la vida. Cuando creamos un sueño ideal en la antesala secreta de las utopías, ese mundo  ìntimo llamado  universo  de los sueños, conspira para convertirnos en legítimos herederos de la fortuna. Aunque la vida de muchos hombres se  extingue  en la  espera,  fallida   realizaciòn de  sueños  nunca cumplidos.  Los sueños son  alimento intangible de la razón,  acicate del subconsciente y de un mundo dimensional,  que va más allá de la tercera dimensión, donde se desarrolla nuestra vida.  Dentro de ese  triàngulo  se cocinan los sueños del hombre para que su existencia sea menos cruda y miserable. Concebir el complejo mundo del  hombre sin  sueños, sería anticiparnos a una catástrofe de dimensiones colosales.

Aùn así,  hay vidas  acongojadas,  hundidas en un abismo de  oscuridad que  esas existencias padecen con estoicismo singular.   Nacen,  subsisten y mueren sin soñar. Su vida se reduce a satisfacer las necesidades más  elementales.    De ahí hacia adelante,  no existe ningùn escapismo que dulciifique sus marchitas realidades.  Estas vidas no  marcan un rumbo de posibilidades  diferentes a las referidas.   No existe  un deseo de anticipaciòn  a la realidad  que es  el objetivo de los sueños trazados por el hombre. Pobres y aplastadas criaturas que nacen, subsisten en lo elemental, y mueren sin haber soñado en algo superior  a  sufragar las necesidades más primarias.

Del mundo onírico satisfacemos con los sueños la pesada carga de la realidad.   Sacudimos en ese breve intermedio  que oscila entre la vida y la muerte llamado  sueño,  las melancolìas, las  penas y desventuradas historias no contadas de cada hombre. Dormir es aproximarnos a las fronteras abstractas de la muerte pero extasiados en los sueños que tenemos, muchas veces despertamos sobresaltados porque ya no fue un sueño de desahogo lo que vivimos sino la màs espantosa pesadilla, de la que  salimos  con  horror y miedo.  Descargamos las culpas y los remordimientos del inconsciente en el universo onìrico cuando dormimos.  En el  dèdalo  de los  sueños, logramos   desahogarnos con impunidad  de las  màs recònditas aberraciones, miedos y odios. En nuestros sueños  tenemos licencia para  matar, violar, robar, hacer todo el daño posible;  convertirnos en monstruos que  la realidad de nuestro yo superior no nos permitirìa.   Ademàs de  la  barrera  de la moral, los  valores eticos, la educaciòn, amortiguadores culturales   de la civilizaciòn.   Dèbil muralla que nos separa de la barbarie total. En el mundo onìrico, a traves de los sueños, descargamos de nuestro yo profundo,  dolor,  angustia,  ira;  traumas y  frustraciones de seres humanos, sometidos por la cultura, la religiòn y los convencionalismos sosciales. Si no soñàramos cuando dormimos, el mundo hace tiempo no existirìa como civilizaciòn porque el hombre ya lo habrìa incendiado por los cuatro costados.

Del otro lado està el universo de lo sueños  creados  en estado  consciente, forjados bajo la luz de la imaginaciòn e integrados a la hipèrbole de las quimeras, de ahì, convertirlos  en realidad,  hacerlos parte de nuestros anhelos màs profundos, es  leitmotiv que irriga  razones  de vida  a  los hombres. Crear sueños y transformarlos en realidades  concretas,  es tambièn  quid   del hombre sobre la tierra.  Los  sueños conscientes que se tienen en la vigilia, son extensiones de la imaginaciòn que convierte esos sueños en ideas,   proyectos, grandes, pequeñas empresas de la vida.  La vida  es como una moneda que gira y gira en  el  denso  vacìo del destino.  Girando en el azar de   fugaz felicidad,  luto de  tragedia.  Por ello, la vida es una moneda de dos caras: en una faz estàn  los maravillosos sueños del hombre y en la otra, estàn  las màs abominables pesadillas  germinadas  sobre la tierra. Interesante es   saber cuando caerà esa moneda en nuestras manos y con cuàl de las dos fases seremos ganadores o perdedores.    Con las faz de los sueños, habremos ganado pero con la faz de las pesadillas, nuestra suerte estarà echada.  Y  ya no habrà vuelta atràs.


¿Es posible que exista un mundo tan fantàstico, tan fascinante y màgico como el mundo de los sueños en la infancia? Ni aùn con la extraordinaria capacidad teconologica existente   de inventar,  crear y recrear   los màs inverosìmiles sueños;  tumultuosa fantasìa creada por la imaginaciòn del hombre adulto, apoyado por  sofisticados instrumentos tecnòlogicos, nunca la tecnologìa podrìa siquiera igualar el mundo infinito de los  sueños de un niño. Creo que el mundo no se ha desmoronado completamente,  hacièndose añicos,  quedando  el planeta hecho polvo de estrellas,  es  porque los sueños de los niños, con su inocencia,   bondad innata,  poder de creaciòn superior, han evitado el colapso  que tarde o  temprano, harà del planeta tierra una inmensa bola de fuego y destrucciòn.

Cuando alguna vez todos tuvimos un sueño, ese sueño extraordinario fue en  la niñez.  Cuando soñar era parte de la vida. La vida en la infancia  es como  un sueño fantàstico, que va en una burbuja de imaginaciòn y ensueño, donde se construyen sin cesar, hasta el infinito, las màs grandiosas aventuras, donde el  universo es  pequeño y conquistable  para la còsmica visiòn, imaginario perpetuo  que pueden crear a su antojo los niños sin mayor esfuerzo. Y lo hacen con alegrìa  y entusiamo,   sabia  simplicidad de la grandeza.
Alguna vez  dejaremos de soñar porque la vejez, la enfermedad  y las  miserias de la existencia nos  habràn aplastado.   La primera muerte en la  vida de un  hombre, es cuando deja de soñar para convertirse en un ser adusto que no sonrie;  deja de ser niño para convertirse en un  ser productivo y consumidor de mentiras y pesadillas.   Màquina racional de normas, leyes, prohibiciones y responsabilidades,  apego al dinero y a los bienes.   El demonio de la codicia lo pudre y vive como un autòmata,  sin soñar ni mirar jamàs a las estrellas porque matò el niño que alguna vez llevò en su interior.
Siempre, siempre debemos recordar para apaciguar nuestra conciencia herida,  alma en tinieblas;  lenta idiotizaciòn moderna que nos està convirtiendo en hombres seriados,  que alguna vez tuvimos un sueño sobre la tierra, quizàs se cumplio, quizàs no, pero tuvimos un sueño.........




28 de septiembre de 2013

CUANDO LLUEVE EN LA CIUDAD

                                               

La lluvia tiene el raro pero refrescante ingrediente que actúa como  remedio aleatorio de la naturaleza para   cambiar las circunstancias atadas a un orden lineal  y monótono de la existencia. Cuando llueve sobre una ciudad gris y congestionada, invadida de smog, saturada de caos y ruido;  miedo  de los otros a ser atacado o violentado en su burbuja de angustia existencial;  terror a ser atracado, apuñaleado; quizás asesinado.   Prisa por llegar a alguna parte, tal vez  no llegar jamás a  destino alguno. La lluvia es el swich salvador que logra en pocos instantes, detener aquella marcha infernal que significa andar por las calles de una ciudad tumultuosa,   invadida de personas y autos por doquier, de vendedores  callejeros quienes con  minitiendas, microcomercios en carretillas y carritos de madera de tracciòn humana,  bloquean el paso por andenes,  avenidas, esquinas,  parques, accesos a edificios y calles de una ciudad.  

 Las gentes se dispersan aturdidas, con la certeza de huir de algo ineludible  pero presente en su realidad más cercana. La lluvia  cae sin medida ni orden sobre las calles,  autos, edificios y personas, es un medidor de la fragilidad del hombre ante los fenómenos de la naturaleza. Es acaso la lluvia el más sabio y prodigioso mecanismo que tiene la naturaleza para detener por  muchos minutos,  a veces horas,  la frenética agitaciòn del hombre en ciudades  donde no hay respiro para  atenuar el tràfago de la existencia, para aquietar el espíritu y pensar por  segundos:
¿Quièn  soy y qué hago en este mundo, a esta hora,  en esta infernal ciudad  donde nadie me conoce. Soy una cifra, un anònimo rodeado de otros miles de anònimos. Què clase de hombre soy que me siento miserable y solitarios entre miles de seres humanos, obejetos, ruidos y mentiras?

 Los  seres humanos  están  aferrados a la compleja como discutible  comodidad de la vida moderna, son tan  débiles para resistir las inclemencias del medio.  Cuando cae una lluvia torrencial, sienten la aprehensión de lo desconocido porque no leen el verdadero significado de la lluvia. El hombre actual nacido y criado con los ropajes  de la modernidad,  hospitales  de primer nivel, servicios pùblicos òptimos,  comida fresca en los supermercados,  un comercio provisto con lo  necesario para satisfacer las necesides,  en sìntesis, todas las  necesidades  cubiertas,  es  un hombre desdentado, castrado para enfrentar las fuerzas brutales  y puras de la naturaleza. El hombre està convertido   un ser pusilànime, cobarde,   si tuviera que enfrentarla sin los medios tecnòlogicos que dispone, su  sobrevivencia serìa muy dificìl porque el ser humano moderno perdiò  el magnetismo natural, anulò su capacidad innata e instintiva para sobrevivir entre la naturaleza, destruyò su aura  natural para adaptarse a una posible naturaleza pura y salvaje.  El hombre es hoy por hoy  un ser  artificial, revestido de mediocridad y plasticidad, contaminado de bajas pasiones, infradotado para ser denominado un hombre  superior,  en su esencia pristina como son los demàs seres irracionales. La civilizaciòn con sus mùltiples artificios tecnologicos, falsas imposiciones modernas, falseò al hombre, hacièndolo un ser dèbil, sedentario;  extraviado, inequivoca tendencia a la  estupidizaciòn seriada,  impulsada por el famoso mundo globalizado.  

Quizà sòlo saldrìan invictos los seres màs aptos y fuertes de   la especie para que èsta no desapareciera. La  mayorìa  perecerìa  como moscas entre una naturaleza virgen e indòmita.  La modernidad castrò al hombre  para ser un guerrero como los antiguos, bendecidos por los dioses tutelares.  Los hombres de hoy,  de las modernas ciudades,  todo les ha sido dado en forma ràpida y fàcil, sin esfuerzo, gracias a   descubrimientos de la ciencia y  adelantos tecnològicos. No saben  de la naturaleza màs que la observada desde sus còmodos sofàs a travès  de la  de mentira televisiva y la ficciòn  del cine.  Huyen aterrados cuando ven una cucaracha, una araña, una rata o un insignificante bicho  de los  que aùn subsisten en  las grandes ciudades.  Y su primer gesto es aplastar el bicho, matarlo para eliminar  la  imagen asquerosa de esa naturaleza lejana y horrible que empaña el sosiego del  hombre civilizado y pulcro.

Cuando llueve  sobre  la ciudad, los hombres  corren aterrados, se sienten nerviosos, amenazados de mojarse, de ser tocados por  infinitas gotas de  agua  que caen   de manera pertinaz de la atmòsfera. En pocos minutos pierden el horizonte que tenìan  trazado para las pròximas horas. El mundo les cambia en segundos. Aplazan, cancelan las citas, diligencias pendientes. Esa compra o reuniòn ya no serà posible por  la lluvia. Si acaso cumplen con los compromisos, llegan tarde  y como los demàs tienen el mismo concepto de la lluvia,   aquèllos tampoco cumpliràn.  Dejaràn de asistir,  postergaràn ese insignificante,  tal vez  vital encuentro porque la lluvia  lo quiso asì.  "Diràn con desparpajo  que fue culpa de la lluvia."  Pocas veces en nuestro medio las  personas estàn por encima del fenòmeno de la lluvia para no eludir un compromiso en una tarde o mañana cualquiera.     Hay personas que no se amilanan ante la lluvia,  aùn en medio de un  diluvio,  llegan  hechas agua pero cumplen con precisiòn  sus obligaciones.      La mayorìa de  personas queda paralizada. La excusa màs propia y extendida en nuestro medio para no cumplir con una cita es argumentar  que  estaba lloviendo.
  
Lo que no puede  refutarse es ver el aspecto  casi màgico de la lluvia sobre una ciudad porque transforma  circunstancias normales para volverlas  hùmeda, fresca razòn  para serenarse,  hacer una pausa en el camino y mirar aunque sea por unos instantes,  el rostro del hombre, de  la  mujer que tenemos en frente nuestro.  La lluvia suaviza las asperezas de la  ciudad aunque saque a flote  aspectos miserables de  injusticia social y  desigualdad econòmica.   Cuando llueve,  el hambre se  siente con mayor rigor,  el deseo por una bebida que caliente el cuerpo es màs  apremiante.  La falta de una vivienda segura y tibia,  carencia de ropa y frazadas adecuadas, potencializan la perversa lìnea ecònomica  que divide una sociedad.     Pero aunque sea paradòjico decirlo, la lluvia aproxima un poco a las personas en el contexto de permitir una interaciòn màs humana,  quizàs generosa en la actitud de mirarla y escucharla con un  poco màs de atenciòn.  Pero tambièn la lluvia evidencia con inusitada dureza, las diferencias sociales y econòmicas extremas de una sociedad. Cuando llueve en forma inclemente sobre la ciudad,  los que sufren con mayor rigor son los descamisados, los desarrapados que no tienen còmo ni dònde resguardarse. La lluvia hace ver con mayor crudeza la  miseria de una ciudad. Asì mismo, cuando  llueve,  es  el  momento màs  propio para pensar en la vulnerabilidad  del hombre, en cuàntas debilidades lo acechan;  momento adecuado para descubrir  el acoso ficticio  y  real  que vive el hombre, inmerso en preocupaciones vanales, quizàs importantes  que lo apartan de las cosas sencillas y bellas de la vida.    Ver llover en la ciudad es tambièn  aproximarnos a una dimensiòn màs espìritual,  para mirar  en nuestro interior y darnos por enterados que somos sòlo unas atemorizadas criaturas que huimos de la lluvia como si fuera una amenaza y no una oportunidad de ver la vida desde otra perspectiva. Bienvenida sea siempre la lluvia sobre la ciudad.